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Excursión: A Binigual con carritos o en bici

A Binigual con carritos o en bici

binigual puebloDe Binissalem a Binigual es un paseo sencillo para  hacer con el bebé en carrito o montados en bici. Si nunca habíais estado en este lugar, ya iba siendo hora…  ¡Os sorprenderá! Es muy especial.

 

 

 

Por Samira

Lugar de salida: Estación de tren de Binissalem

Duración aproximada: 2 horas andando con carritos de bebés; 1 hora en bicicleta.

Dificultad: Ninguna: camino totalmente llano y asfaltado.

Recomendación: Llegar en tren a Binissalem ya sea llevando carritos de bebés o bicicletas.

Atención: Se puede llevar la mascota sin problemas, sin olvidar ponerles la correa por el pueblo. Y cuidado con los vehículos: si es domingo habrá unos cuantos.

 

Itinerario:

Si empezamos en la estación de tren de Binissalem, y vamos andando, podemos ir bajando por las calles del pueblo en dirección sur, todo recto, hasta llegar en diez minutos a la carretera general, que cruzaremos por el semáforo. Si vamos en bici, al salir de la estación giramos a la izquierda y luego a la derecha, donde nos indica como dirección “Palma”, y bajamos todo recto por el “Camí de s’aigo” hasta la carretera general. Vamos a la derecha hasta el semáforo antes nombrado.

Cruzamos la carretera y enseguida salen dos más: la de la derecha va hacia Biniali y la de la izquierda, un poco más pequeña, va a Binigual. Un cartel de madera indica: “A Sencelles per Binigual”. Y por ahí seguimos todo recto sin complicación ninguna, menos la bajada y posterior subida bajo la autopista...¿No os lo había dicho? ¡ja, ja! un poco de esfuerzo… y obstáculo superado! El campo despejado estará ante nosotros, con casas, viñedos, granjas de ovejas, cerdos, y caballos para ir entreteniéndose. Si vais andando, dependiendo de las paradas que hagáis, en 45 minutos, como mucho en una hora, estáis en el pequeño y coqueto pueblecito de Binigual. Si vais en bici, en media hora habréis llegado. No tiene perdida ninguna. Veréis una docena de casas, todas preciosas y cuidadas, en dos calles que  forman una T y  que están  bellamente empedradas con una fuente en medio. El pueblo tiene sus plantas exteriores cuidadas como jardines en la calle, y una pequeñita iglesia con un angel en la entrada. Incluso hay una bodega con dibujos de la vendimia ¿La veis? Vale la pena observar los jardines ya que están especialmente cuidados con estatuas y efigies señoriales.

Si nunca habíais estado en este lugar, ya iba siendo hora…  ¡Os sorprenderá! Es muy especial;  no está abandonado. Sus propietarios, mayoritariamente alemanes, no viven todo el año en él. Aún así, procurad no hacer mucho jaleo ni romper la paz del lugar.

Podemos comer aquí, en algún campito del camino o en Binissalem. Ya lo decidiréis.

La vuelta es por el mismo camino. Ahora tendremos enfrente una vista fabulosa de las montañas desde la de Alaró,  hasta las de Pollença. Si tenéis la suerte de que haya nevado en ellas por la noche, como ha ocurrido en ocasiones éste invierno, disfrutaréis más de las vistas.

Llegamos a Binissalem y cruzamos el semáforo de la carretera de nuevo. Subimos, tanto si vamos andando como en bici, por la calle larga central que lleva a la estación, pasando por todo el centro del pueblo y su plaza. Si no conocéis Binissalem, aprovechad para pasearos por él, con sus calles y recovecos. La plaza es espaciosa y bonita, con terrazas para tomar algo y para que los niños jueguen y corran. Y no olvidar observar el campanario de la iglesia, único en la isla...

Tal vez nos veamos por la plaza ¡Ja ja! Yo vivo aquí.

 

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